Remesas, tipo de cambio y competitividad: el otro mapa de Centroamérica

Remesas, tipo de cambio y competitividad: el otro mapa de Centroamérica

En 2023, los hogares de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua recibieron en conjunto US$41.800 millones en remesas familiares, más del doble de los US$19.000 millones que recibieron en 2017. Ese flujo representa hoy cerca de 26% del PIB en Honduras, 27% en Nicaragua, 24% en El Salvador y 19% en Guatemala. En Costa Rica ronda 0,8% y en Panamá 0,6%.

La brecha entre ambos grupos de países ha crecido de forma sostenida durante 24 años. Honduras pasó de 6,6% del PIB en remesas en el año 2000 a más de 25% en 2024. Guatemala pasó de 3,1% a 19%. Costa Rica y Panamá se mantuvieron prácticamente en el mismo nivel durante ese mismo período.

Detrás de esa cifra hay una pregunta que los bancos centrales de Honduras y Guatemala llevan varios años investigando puertas adentro: si un flujo de divisas de ese tamaño puede terminar apreciando el tipo de cambio real de una economía, encareciendo sus exportaciones y desplazando recursos hacia sectores como servicios y construcción. La literatura lo conoce como enfermedad holandesa, un término que acuñó la revista The Economist en 1977 para describir lo que le pasó a la industria manufacturera de los Países Bajos tras el descubrimiento del yacimiento de gas de Groningen. El ingreso de divisas por la venta de gas subió la demanda de bienes no transables, encareció el florín y golpeó a otros sectores exportadores del país.

Corden y Neary formalizaron el mecanismo en 1982 en dos canales. El primero es el efecto gasto: más divisas en manos de los hogares eleva la demanda de bienes que no compiten con importaciones —vivienda, servicios, construcción—, y ese precio relativo más alto aprecia el tipo de cambio real. El segundo es el efecto movimiento de recursos: trabajo y capital emigran hacia el sector no transable en expansión, dejando al sector exportador con menos insumos y salarios relativos más altos.

Acosta, Lartey y Mandelman llevaron esa idea a un modelo de dos sectores calibrado para El Salvador en 2009 y encontraron que las remesas reducen la oferta de trabajo y desplazan la demanda hacia bienes no transables, apreciando el tipo de cambio real y sacando mano de obra del sector exportador. Tres años antes, los mismos autores habían estudiado un panel de 109 países en desarrollo entre 1990 y 2003 y encontraron algo que resulta clave para leer el caso centroamericano: el efecto de apreciación es más fuerte en países con tipo de cambio fijo que en los que tienen flotación, porque ahí no hay margen nominal para absorber el choque y toda la presión cae sobre los precios internos. Amuedo-Dorantes y Pozo habían llegado antes a un hallazgo parecido, al que llamaron la paradoja del regalo: el mismo dinero que reduce la pobreza también puede apreciar la moneda y golpear a los exportadores que no reciben remesas.

Seis países, dos regímenes cambiarios muy distintos

País Remesas/PIB (2024) Régimen cambiario
Nicaragua 26,6% Deslizamiento de 0% desde enero 2024
Honduras 25,7% Banda deslizante con subasta diaria de divisas
El Salvador 24,3% Dolarizado desde 2001
Guatemala 19,1% Flotación administrada con intervención por volatilidad
Costa Rica 0,75% Flotación administrada desde 2015
Panamá 0,61% Dolarizado

Fuente: Banco Mundial, indicador BX.TRF.PWKR.DT.GD.ZS.

Guatemala ilustra la velocidad del fenómeno mejor que cualquier cifra aislada. Sus remesas pasaron de 10,4% del PIB en 2010 a 19,1% en 2024, casi 9 puntos en 14 años. En esa misma ventana, Honduras se consolidó como el mayor exportador de café de la región, mientras Guatemala perdió terreno. Una columna publicada en medios guatemaltecos atribuyó esa pérdida a la apreciación cambiaria que generaron las remesas. Los datos del USDA confirman que Honduras exporta hoy considerablemente más café que Guatemala en volumen, pero la brecha también coincide con la plaga de la roya que golpeó a la región entre 2012 y 2013, con la caída del precio internacional del café y del azúcar en esos mismos años, y con decisiones de reconversión de cultivos que poco tienen que ver con el tipo de cambio.

Lo que dicen los propios bancos centrales

El Banco Central de Honduras corrió un modelo ARDL propio para separar el sector transable (agropecuario e industrial) del no transable (servicios) y encontró una relación de largo plazo estadísticamente significativa entre remesas y participación sectorial: negativa para el agro, positiva para industria y servicios. El banco fue cauto con su propio hallazgo: la evidencia sobre enfermedad holandesa, escribió, "no es concluyente".

El BID estimó el tipo de cambio real de equilibrio de Honduras en un documento de 2015 que considera siete variables de largo plazo —productividad, gasto público, remesas, términos de intercambio, apertura comercial, inversión extranjera y activos externos netos— y llegó a una conclusión más tranquilizadora de lo que el debate público suele asumir: el desalineamiento del tipo de cambio hondureño respecto a sus fundamentos es bajo, y la moneda ha convergido de forma lenta pero sostenida hacia su nivel de equilibrio. El estudio identifica el gasto público como un canal relevante —cerca de un tercio del presupuesto del gobierno central hondureño se destina a salarios, lo que presiona los precios de los servicios— junto con las remesas, sin atribuirles una apreciación fuera de línea.

El Banco de Guatemala fue más allá en un boletín técnico de noviembre de 2023. Ahí sostuvo que llamar "enfermedad" al fenómeno es "totalmente erróneo, pues se trata de un ajuste de mercado", y que el determinante central del tipo de cambio real es la productividad, no las remesas. El Banco Central de la Reserva de El Salvador, por su parte, calcula y publica cada mes su Índice de Tipo de Cambio Efectivo Real frente a sus principales socios comerciales, el mismo tipo de serie que necesitaría cualquier prueba formal de paridad de poder adquisitivo para la región.

El caso que no encaja: Nicaragua

Nicaragua tiene las remesas más altas de la región y, desde enero de 2024, el tipo de cambio con menor margen de ajuste nominal de todo el istmo: el córdoba se desliza frente al dólar a una tasa de 0% anual. Según el mecanismo descrito por Lartey, Mandelman y Acosta, ese debería ser el caso con mayor presión de apreciación y mayor pérdida de competitividad exportadora de la región.

Entre 2000 y 2024, las exportaciones de bienes y servicios de Nicaragua subieron de 20% a 41% del PIB, un incremento de 21 puntos porcentuales, casi idéntico al aumento de sus remesas en el mismo período (20 puntos). El país que en teoría debería mostrar el efecto más marcado tuvo, en cambio, un boom exportador simultáneo al boom de remesas.

Un índice para comparar la exposición

El canal que describe la literatura combina dos variables: cuánto pesan las remesas en la economía y cuánto margen tiene el régimen cambiario para absorber esa presión sin que recaiga sobre los precios internos. En Ecoanálisis construimos un índice propio para ordenar a los seis países en esa doble dimensión:

IPCR = 0,7 × (remesas/PIB normalizada) + 0,3 × (rigidez cambiaria)

La rigidez cambiaria va de 0 (flotación libre) a 1 (dolarización total). El peso mayor recae sobre las remesas porque, sin ese flujo, la rigidez por sí sola no activa nada: Panamá está completamente dolarizado y aun así queda entre los países con menor exposición del índice, porque sus remesas apenas llegan a 0,6% del PIB.

País IPCR
Nicaragua 0,89
El Salvador 0,94
Honduras 0,85
Guatemala 0,56
Panamá 0,32
Costa Rica 0,08

Lo que sigue

Para un banco con cartera en agroexportación, textil o maquila en Honduras, El Salvador, Guatemala o Nicaragua, la variable a monitorear no es la enfermedad holandesa como diagnóstico cerrado, sino su evolución trimestral: el índice de tipo de cambio efectivo real que publica cada banco central, el peso de las exportaciones no tradicionales en el PIB, y la brecha entre el crecimiento de las remesas y el de las exportaciones —la misma brecha que separa a Honduras y Guatemala de Nicaragua en los últimos 24 años.

El Banco Mundial proyectó en 2024 que el crecimiento de remesas hacia América Latina se desaceleraría a 2,7% ese año, después de crecer 7,7% en 2023, citando como riesgo el enfriamiento del mercado laboral estadounidense y los cambios en la política migratoria de ese país. Habrá que ver si esa desaceleración se confirma, y si algún país de la región empieza a mostrar el patrón que hoy solo Honduras y Guatemala insinúan con claridad.


Fuentes: Corden y Neary (1982), The Economic Journal · Acosta, Lartey y Mandelman (2009), Journal of International Economics · Lartey, Mandelman y Acosta (2012), Review of International Economics · Amuedo-Dorantes y Pozo (2004), World Development · Banco Central de Honduras, Efecto de las Remesas Familiares en la Estructura Productiva de Honduras · García y Quijada (2015), BID, Estimación del Tipo de Cambio Real de Equilibrio de Honduras · Banco de Guatemala, Notas Monetarias No. 184 · Banco Central de la Reserva de El Salvador, Índice de Tipo de Cambio Efectivo Real · Banco Mundial, World Development Indicators · Banco Central de Nicaragua · USDA Foreign Agricultural Service.

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